Humildad en política

Es imposible, realidad constatada por los hechos, que los y las dirigentes del PP digan que se han equivocado. En algo, por pequeña que sea la equivocación. Si es grande, como la invasión de IraK desatendiendo a todo un pueblo, ni te cuento. Perdonad que me repita, pero en el poema de la entrada anterior hay una estrofa que me conmueve no ya como mujer, no ya como feminista sino como socialista:

…amar al pueblo
no como una abstracta palabra
sacada de la manga,
sino como algo real, concreto,
ante quien rendir homenaje con acciones

Recuerdo cuando al fin se produjo la invasión que muy enfadada, sintiéndome impotente, escribí sobre la decisión tomada. Aún no tenía blog, pero siempre he agarrado un papel y escrito cuando he necesitado sacar la rabia de dentro. Iba en el tren Málaga- Sevilla camino de un Congreso Iberoamericano de Comunicación y, en lugar de prepararme la intervención, escribía contra Aznar, contra la política del PP y pensaba que algún día volveríamos a ganar y haríamos las cosas de manera diferente. Se llamaba algo así como “Arrogancia: patrimonio de la derecha.” En aquél momento, en aquélla toma de decisión obviando a todo el pueblo español, la arrogancia se podía traducir en “Ya sé que tengo que aguantar las manifestaciones, que si por mi fuera…, pero es que vosotros no sabéis de lo que estáis hablando. Patalead porque el Estado de Derecho os lo permite, pero yo sé qué es lo mejor, vosotros, en fin, simplemente no estáis a la altura”. ¡Es tan indignantemente arrogante! Ni que decir si hablamos del 11M. O de la doble vara de medir (muy acertado el post de hoy de Paco Conejo) ya que una cosa es que lo hagan ellos que todo lo pueden y otra muy distinta es que lo hagamos los demás, a ver qué nos hemos creído.

He recordado todo esto esta mañana cuando escuchaba en la radio las reflexiones de periodistas sobre el pleno de ayer, cuando he vuelto a escuchar a Rajoy decir que Zapatero ha engañado a los españoles (dejadme que haga un paréntesis: ayer lo vi por la tele, pero ha sido hoy cuando me ha venido al espíritu esta reflexión y es que como dijo un niño que en una encuesta prefería la radio a la tele porque: “es que con la radio si se escucha con atención, ¡se ven tantas cosas!).

Si es que se cree el ladrón… ¿Cuántas veces le hemos oído decir a este Gobierno que asume la responsabilidad? Bastantitas. Y la responsabilidad no es el cumplimiento formal de una obligación externa, es la responsa-hábil, la respuesta acertada a un desafío, a una nueva situación. Yo sé que tiene mala prensa que diga que no hay crisis, que después diga que es desaceleración, que ahora diga que tenemos problemas serios. Lo sé. Sé que la percepción de la ciudadanía es de falta de control, de seguridad, de coherencia. Esta sensación es aún mayor si las personas estamos sufriendo los malos tiempos que corren todos los días (¡Dios, que ayer pusimos 30 euros de gasolina y no se llenó ni la mitad del depósito!). Porque cuando las cosas no van tan bien, entonces el miedo a que vayan peor o a que no se estén tomando todas las medidas necesarias es aún mayor, pero sobre todo está justificado. Y en estas aparece Rajoy diciendo que Zapatero ha mentido y que el PSOE no es una buena opción para gestionar una crisis, para gestionar la economía (ellos sí, por supuesto porque siguen pensando que son los que de verdad saben y pueden mientras que los demás pareciera que jugamos a las casitas).

Pero yo no creo que Zapatero mienta (que mentir y manipular en política, eso sí es algo que la derecha sabe cómo se hace). Lo que sí creo es que tiene, como le pasa a muchas personas de izquierdas acostumbradas por nuestro propio funcionamiento interno  (de cada uno y de cada una) e interior (de la organización) es capacidad para el diálogo, para el consenso, para reconocer los errores, afrontar los cambios con tomas de decisión que se adecuen a los mismos y, sobre todo, tener en cuenta al pueblo. Todas estas características las ven y las venden como si de debilidad se tratase. Llamadme idealista, que sí que lo soy, pero yo lo que veo es humildad. Y, como dice Enrique Mariscal, nunca la humildad brilla más hermosa que en el gobernante.

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Una respuesta a “Humildad en política

  1. Hola Meli:

    Me sorprendió gratamente verme citado cerrando tu artículo. Felicitaciones.
    Un abrazo desde Buenos Aires.
    Enrique Mariscal.

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