Tarifa

Salvajeando

Salvajeando

La Foto es de la última vez que visité esos lares. Ellas, las de la foto, dos salvajes muy amigas que se cruzaron en mi camino en un momento muy oportuno. Pertenece a la primera tarde, cuando al fin llegamos, de jamos las maletas en el hotel y nos lanzamos a ver el mar, ese Atlántico que para una mediterránea como yo tiene algo de salvaje, de desconocido, de inabarcable. Hacía viento, ¡qué raro!, pero, como me ocurre algunas veces la magia del atardecer, el cosquilleo de sentir la fuerza del mar y la vena salvaje me atacaron. Me desnudé, nos desnudamos (llevábamos en bikini puesto) y saltamos brincando al agua, a jugar. Gracias a estas dos madrileñas pasé un fin de semana lleno de locura, de dejarse ir, de no atender a la razón y sí al corazón, es decir, a ese presente, al ahora de entonces.

Allí voy a pasar unos días de asueto en medio de esta intranquilidad que supone la espera. No, no es la paciencia una de mis virtudes. Pero esta vez voy con mi hija y con más amigas con sus hijas e hijo. Casa alquilada, rural, con muchas habitaciones, con piscina,… Plan de madre. Lo que me lleva a lo que siempre fué Tarifa para mi. Plan de hija. Tenía mi padre una caravana y nos ibamos mi hermano y yo con él a pasar el tiempo de verano que le correspondía estar con nosotros. Me acabo de acordar: allí con nueve años me enseñó mi padre a conducir. Conducir es una cosa en la que toda mi familia materna coincide: “como tu padre no conduce nadie” o bien “yo conduzco tan bien porque me enseñó tu padre”. Él está asociado en mi memoria a la carretera. Tenía un juego que nos encantaba: cada vez que pasaba un coche teníamos que decir a qué provincia correspondía después de haber dicho un taco con la misma inicial. Nos reíamos mucho porque nos permitía lo prohibido. ¡Qué risa, qué cosquilleo en el estómago da lo prohibido! (Menos mal que esa sensación no se pierde). Un día que vimos un SS dijo mi hermano Supersilipoyas de San Sebastian. Rió mi padre. Reimos nosotros.

Durante mi infancia Tarifa era mi padre, el tiempo con él. Me enseñaba a redactar correctamente y ortografía dictándome diariamente una batallita histórica cada mañana antes de ir a la playa.  Recuerdo como mi hermano y yo nos tirábamos por las dunas dando volteretas sin parar a ver quien ganaba. Recuerdo las largas, interminables explicaciones de mi padre ante la existencia de la base de Rota o las ruinas de Bolonia, los paseos en bici, el camping, las cenas tempranas y el aburrimiento de después hasta que nos metiamos en la cama y alcanzaba mi libro.  Me hablaba mucho. Lo recuerdo bien. Lástima que decidiera querer dejar de estar presente en mi vida. ¡Qué alegría que después decidiera volver!

Y, como la vida sigue, más veces he estado en Tarifa con amigas y amigos. Me gusta ir por lo explicado, por esa sensación de sentirme en plena naruraleza de manera algo salvaje. Estoy haciendo la maleta y pienso que me sobra toda la ropa, que los que quiero son pareos y un sombrero de paja. No es esta vez ese tipo de plan. Esta y por primera vez voy como mami. Ya os contaré. Si eso.

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2 Respuestas a “Tarifa

  1. a ver si vamos escribiendo argo

  2. MESIGUEGUSTANDOTARIFAYCAÑOSDEMECAYANOVOYYMISRECUERDOSSONLOSTUYOSSEGUIMOSSIENDOCARNEYHUESOSSSS.

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