Escuchemos, seamos responsables

Ya iba siendo hora de que hablase de la Naturaleza. Creo que los que me conocéis un poco sabéis de mi “obsesión” por la naturaleza. Una amiga lo llama “tu rollito eco”, que me encanta. Se habla de Medio Ambiente, pero yo me siento más identificada con la palabra Naturaleza porque a ella pertenezco, de ella formo parte. El concepto medio ambiente me resulta más intelectual. Es el aire, es el mar, el cielo, los campos, es la tierra en la que vivo y en la que quiero seguir viviendo. Es el entorno, es el medio en el que nazco, crezco, me desarrollo y moriré. Naturaleza también soy yo. Y, siendo honesta, lo que me toca, lo que soy lo defiendo con uñas y dientes. Lo defiendo desde el estómago, lo defiendo como una niña obstinada, crédula, impaciente y peleona. Lo defiendo con la misma rotundidad que la niña que se presentó ante la ONU. Algunas de las frases las repetiría a grito pelao de la rabia que me entra. Aquéllo fue en el 92. ¿Qué narices estamos haciendo?!

P/D: En inglés con subtítulos en Francés. Lo he traducido (no seáis muy críticos con la traducción!). Lo tenéis en leer más.

Hola, soy Severin Suzuki, hablando en nombre de ECO, el Medio Ambiente Organización de la Infancia. Somos un grupo de cuatro doce y trece años de edad de Canadá tratando de hacer una diferencia…
Hemos gastado todo el dinero para decirles a ustedes adultos que deben cambiar sus formas. No tengo ninguna agenda oculta. Estoy luchando por mi futuro. Perder mi futuro no es como perder unas elecciones o unos puntos en el mercado de valores. Estoy aquí para hablar en nombre de todas las futuras generaciones aún por venir. Estoy aquí para hablar en nombre de los niños hambrientos en todo el mundo cuyos gritos siguen sin atenderse. Estoy aquí para hablar en nombre de los innumerables animales que mueren en este planeta porque no tienen ningún otro sitio al que ir. Me da miedo tomar el sol en la actualidad a causa de los agujeros en la capa de ozono. Me da miedo respirar el aire porque no sé qué productos químicos se encuentran en él. Yo solía ir a pescar en Vancouver, mi ciudad natal, con mi papá, hasta que hace unos años se encontraron los peces llenos de cánceres. Y ahora oímos hablar de animales y plantas extinguidas, desapareciendo para siempre. En mi vida he soñado con ver las grandes manadas de animales salvajes, selva, la lluvia y los bosques llenos de aves y mariposas, pero ahora incluso me pregunto si mis hijos los van a ver. 

¿Se preocupaban ustedes por estas cosas cuando tenian mi edad? Todo esto está sucediendo ante nuestros ojos y, sin embargo, actuamos como si tuviésemos todo el tiempo que queramos y todas las soluciones. Soy sólo un niña y no tengo todas las soluciones, pero quiero que se den cuenta de que ¡ustedes tampoco! No saben cómo arreglar los agujeros en nuestra capa de ozono. No saben cómo traer de vuelta a un animal ya extinguido. Y no se puede traer de vuelta a los bosques donde ahora hay un desierto.

 

Si no saben cómo solucionarlo, por favor, dejen de destruirlo! Aquí ustedes pueden ser delegados de sus gobiernos, empresarios, organizadores, periodistas, o los políticos. Pero ustedes realmente son madres y padres, hermanas y hermanos, tías y tíos. Y todos ustedes son el hijo de alguien. Soy sólo una niña, pero sé que todos somos parte de una familia de 30 millones de especies fuertes. Y las fronteras y los gobiernos nunca podrán cambiar esto. que nunca cambian. Soy sólo una niña, pero sé que todos estamos juntos en esto y debemos actuar como un solo mundo hacia un solo objetivo.
En mi cólera, no estoy ciega, y en mi temor, no tengo miedo de decirle al mundo cómo me siento.

En mi país, malagastamos mucho. Compramos y tiramos, compramos y tiramos. Y, sin embargo, los países del norte no comparten con los necesitados. Incluso cuando tenemos más que suficiente, tenemos miedo a perder parte de nuestra riqueza, miedo a dejarla ir.  En Canadá, vivimos una vida privilegiada con abundante comida, agua y refugio. Tenemos relojes, bicicletas, ordenadores y televisores. Hace dos días aquí en Brasil, nos quedamos conmocionados cuando pasamos un tiempo con algunos niños que viven en las calles.  Y esto es lo que una niña nos dijo: Me gustaría ser rica. Y si yo fuera, daría a todos los niños de la calle alimentos, ropa, medicinas, refugio, amor y afecto.Si esta niña en la calle que no tiene nada está dispuesta a compartir, ¿por qué los que todo lo tienen siguen  siendo tan codiciosos?

 

No puedo dejar de pensar que estos niños tienen mi misma edad, que hay una tremenda diferencia en función de dónde hayas nacido. Yo podría ser uno de esos niños que viven en las favelas de Río. Podría ser uno de esos niños hambrientos de Somalia, víctima de la guerra en el Medio Oriente, o un mendigo en la India. Sólo una niña, sin embargo sé que si todo el dinero gastado en guerras se dedicase a poner fin a la pobreza y a la búsqueda de respuestas para el medio ambiente, lo maravilloso que este mundo podría ser.

En la escuela, incluso en la guardería, nos enseñan cómo comportarse en el mundo. Nos enseñan a no pelearnos, a resolver los conflictos, a respetar a los demás, a ordenar nuestro desorden, a no herir a otras criaturas, a compartir, no ser codiciosos. Entonces ¿por qué salen y hacen las cosas que nos dicen que no se deben hacer? No olviden los motivos por los que asisten a estas conferencias, por quién están haciendo las cosas- nosotros somos sus hijos. Ustedes están decidiendo en qué clase de mundo vamos a crecer. Los padres deben ser capaces de econfortar a sus hijos diciendo: “Todo va a estar bien.” “Nosotros estamos haciendo lo mejor que podemos.”

“No es el fin del mundo”. Pero no creo que se puede decir que para nosotros ya. ¿Estamos ni siquiera  en su lista de prioridades? Mi papá siempre dice, “Eres lo que haces, no lo que dices.” Bueno, lo que ustedes hacen me hace llorar por la noche. Ustedes dicen que nos quieren. Yo les desafío a que sus acciones reflejen sus palabras.

Gracias por escuchar.

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Una respuesta a “Escuchemos, seamos responsables

  1. Quizás el escribir sobre la Naturaleza sea lo que más claramente de cuenta de que formas parte de la naturaleza. Y no sólo me refiero al escribir, sino al escribir este texto en este blog al que yo accedo por medio de mi computadora desde esta lejana costa de este país en el que habito (que no ha firmado ni firmará el tratado de Kyoto ni ahora ni después). Es decir, el que “hables” de la naturaleza en el ciberespacio tal vez sea lo más declarativo de tu pertenencia a ella (y quizás en la virtualidad radique tu preferencia por ese término frente a aquel otro de “medio ambiente”, que no acoge la hiperrealidad como su campo). Al punto. Si la palabra “naturaleza” es un concepto—como lo es—y todo concepto es una construcción cultural ¿puede la naturaleza tener algo de natural? (y eso para no decir que, en consecuencia, quizás sea imposible siquiera formular esa mismísima pregunta).
    ¡Besos!

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