Cambios

Todo está en continuo cambio. Son muchas las veces en que nos olvidamos de que es así. Pensar que algo es definitivo es una ilusión que no nos favorece. Estar en el presente, sin olvidar que existe un pasado y que hay que tener el cuenta el futuro, sin que ninguno de los dos, pasado y futuro, nos embargue el presente es más inteligente, intelectual y emocionalmente.  Es un saber vivir de mejor manera.

Hay cambios que pueden despertar en nosotros (y nosotras) antiguos sinsabores personales, que sí, que son del pasado, pero que condicionan el presente, o lo que es peor, que están hipotecando nuestro futuro. Y así, por ejemplo, un cambio que a los ojos de los demás es una oportunidad, lo podemos vivir como un paso atrás en el avance que le presuponemos a la vida. Pero es que las cuestiones hay que resolverlas para poder avanzar en positivo. Y si algo del pasado no ha quedado resuelto, pues de una u otra manera la vida te vuelve a poner en el mismo lugar hasta que lo soluciones.

¿No habeis oido más de una vez frases del tipo “siempre me pasa lo mismo”? Y digo yo, ¿cómo es posible que no pensemos que si algo se repite es porque nuestra propia manera de afrontarlo tambien se repite y en consecuencia produce los mismos resultados? A veces pienso que tenemos demasiada tendencia a pensar y sentir que los cambios que nos suceden son producto del entorno, de las circunstancias, como si fuéramos marionetas de la vida. Sin embargo, si tenemos plena consciencia del papel que jugamos en cada uno de los entornos en los que nos movemos, no es posible percibirnos como seres inanimados (nunca mejor dicho) sujetos al capricho de lo externo. ¿Quién soy y qué papel tengo en mi trabajo, Partido, familia, amistades, Comunidad de vecinos,…? En algunos casos puedo ser peón en el tablero del ajedrez, alfil en otros, o reina en alguno muy personal. Aceptarlo, o hacer por cambiarlo en el caso en el que no nos guste, es una responsabilidad personal.

Otro tipo de cambios es cuando sabemos o sentimos “nos mueven” por el tablero y nos cambian de categoría (de peón a alfil o viceversa) por razones que responden a la estrategia de otro u otra y no a la propia. Y es que es así, como también es cierto que esos cambios nos cuesta más aceptarlos, aunque seamos capaces de entender que somos en ocasiones escalón para que los demás puedan escalar, mientras que otras serán los demás los que sean escalón para que nosotros podamos subir. Esta simbiosis me parece justa y constructiva. 

Sin embargo, hay casos en los cambios no son constructivos para nadie sino que tienen la finalidad exclusiva de destruir, de hacerte bajar en la escalera o crearte un techo, siempre de cristal. Estos movimientos tienen que ver directamente con los caos y miedos ajenos, ya sean éstos personales (“tú no porque me haces sombra”) o discriminatorios: “Tú no porque eres negro”, “Tú no porque eres gay”, “Tú no porque eres mujer”. Son estos cambios los que no acepto. Son estos movimientos en el tablero los que combato por injustos.

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3 Respuestas a “Cambios

  1. Meli es un post muy bonito. Me recuerda que somos lo que nos dejan ser y lo que podemos dar. Pienso en los trabajadores a los que la empresa empuja a la prejubilación. Pienso en los compañeras y compañeros de política , que tras años de dedicación y entrega, un día se les dice: “Tú, ya no ,porque son los tiempos “(¿qué tiempos?, me pregunto). Pienso en la gente cuyo cambio nunca se produce porque ni siquiera se dan por aludidos ya que las razones que expones nunca llegan a sus oidos, sencillamente porque no existen para nadie.Pienso, en definitiva, en la suerte que tienen algunos de significar algo para alguien. Aunque sólo sea porque tiene la posibilidad de apoyar con su actitud el compromiso que otras personas en algún momento manifestaron hacia ellos. Pienso en el ejercicio de generosidad de los que emigran. Porque emigrar es una función implícita al mismo acto de vivir.Y nosotras, como muchas mujeres luchadoras respiramos y nos movemos, porque estamos vivas.
    besos,
    Anita

  2. Los cambios están bien y sientan bién. El problema lo tiene quien fuerza cambios para sentirse mejor, más segura, más importante. Son alardes pasajeros que intentan hacer daño y sólo consiguen corromper un poco más su alma ya destrozada por la fustación. El mundo es ancho y ajeno, la proyección de los propios problemas es un arma que se utiliza a menudo. Es importante saber dónde están los nuestros, los que te quieren, entre los que me incluyo.
    Un admirador

  3. Ya verás como todo sale bien, tienes fuerza, templanza y sobre todo profundas convicciones que te harán llegar con éxito a tu meta.
    Jose

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