Hada

Hoy hace un año. Ya hace un año. Aquel terrible dolor cuando mi madre consiguió contactar conmigo.  Me quedé sentada durante mucho rato en el coche, sin hacer otra cosa más que llorar.

No dejé de tener esperanza ni un segundo desde que enfermastes. No dejé ni por un momento de creer que te volvería a ver, que volveríamos a charlar y a compartir la vida.

Y después me enfadé. Y después vino otra vez la tristeza. Pero esta vez la pude compartir con tu hija. Y ahora sí puedo recordarte sin tristeza ni enfado, tal y como ella describe, “sonriente, con los ojos brillantes, con la hermosura pletórica, la mujer de manos fuertes y caricias tiernas”.

Marisol

Marisol

 

Cuando vienes a visitarme  en cada recuerdo, – lo vivido juntas, lo que me enseñastes, esas palabras sabias que generosamente compartías conmigo, esa calma alegre caragada de detalles-, puedo sentir esa caricia que aún eres en el corazón de los y las que te rodeábamos.

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