Reencuentro

He reencontrado, bueno más bien me ha encontrado él a mí, a un amigo de los tiempos de instituto. Me dice que al leer algunas de mis entradas de este blog siente nostalgia de lo que para él fueron tiempos felices. Desde su primer correo hasta ahora, que por fín me decido y tengo ganas de escribir, me han ido llegando imágenes, fotogramas, películas en versión mini que fue guardando mi corazón, que se fueron grabando en la memoria de mi piel.

Y coincide su aparición con la lectura de un libro maravilloso, “El último encuentro” de Sándor Márai. En un ambiente perfectamente creado, la novela es, sobre todo, un monólogo melancólico y bello sobre la amistad y la lealtad.  Y mientras leía aparecía en el escenario de mi vida ese amigo de la juventud con el compartí experiencias, con el que viví largas horas de clase (recuerdo su pulcra y bonita escritura), con el que reí y lloré, salí y entré. Con el que compartí esos primeros amores y experiencias que tuvimos y que nos confesábamos en largas noches de estudio…

Me ha mandado fotos. Es en sus ojos, en su mirada, donde recuerdo con más intensidad. Y es que cuando se quiere a alguien, si te has atrevido a mirar a los ojos con ternura, con amor y entrega, con alegrías o con miedos, incluso con enfado, es la mirada lo que no se olvida, lo que de manera más nítida queda grabado en nuestra retina. En esas fotos he vuelto a ver la suya que me recuerda que soy en gran medida por lo que fui y viví.

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