La imagen

– ¿Qué te apetece hacer hoy que mi madre se lleva al niño? – ¿Qué tu madre se lo lleva? ¿Y por qué? – Ya te lo dije ayer, que tenía plan de piscina en casa de unos amigos con sus nietos. – No me has dicho nada de eso. No tengo por qué hacer lo que le dé la gana a tu madre.

Ya estaba ahí la tensión. La pelea, una vez más, era inminente. Otra cruzada de cables habitual en él en la que era imposible decir o hacer nada. Ya daba igual, cualquier cosa que dijera o hiciera, ya daba igual. Suspiró e intentó buscar dentro de ella energía, fuerzas o valor para afrontar la situación, una vez más. Una vez más, una vez más,… Cada día le costaba más trabajo encontrar ese algo a lo que aferrarse, con lo que defenderse.

El niño, con los tres años recién cumplidos sentado en un sillón jugando, parecía ajeno a la tensión, a la discusión que estaban teniendo su padre y su madre.  Para su padre su presencia nunca había sido un obstáculo para desatar su ira. Su madre alternaba su mirada: ora a su hijo, ora a su marido, ora a sí misma en esa búsqueda inútil de encontrar en su interior fuerzas para calmar la situación.

Los insultos a ella, a su madre, a los amigos de la madre, a todo, a todos. Las frases incongruentes dignas de un loco de atar cada vez en un tono más alto, cada vez más agresivas.  Lo dicho: ya nada se podía hacer. La huida como había hecho otras veces. Salir de la casa sin decir nada más.

De pronto y antes de enfilar el camino de la puerta, miró a su hijo. Se mecía a sí mismo y canturreaba en voz baja con la cabeza agachada. Ya tenía tres años, ya no era un bebé. No es que antes no sintiese la agresividad, sino que cada vez era más consciente. Y en esa imagen encontró las fuerzas, en esa debilidad de su hijo, en su dolor, en la responsabilidad que tenía como madre de defenderlo, de cuidarlo, de protegerlo.

Cambió de dirección. Yendo de una habitación a otra, cogió las toallas y demás aperos para la piscina ajena a los gritos, a los reproches, a los insultos, a los intentos de paralizarla de miedo haciendo alarde de su fuerza física. De pronto solo había una cosa que importaba: sacar a su hijo de allí. La decisión estaba tomada: sacarlo hoy y para siempre.

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3 Respuestas a “La imagen

  1. Es el aspecto más lamentable de la sociedad avanzada, produce horror el número de victimas. El rechazo social es insustituible para acabar con los maltratadores y leyes firmes y contundentes.

  2. Ojalá,cada vez menos, esa escena de humillación, hacia la mujer, se den menos, pero si se dan, que la mujer sepa tomar la decisión a tiempo.
    Para ello se necesita información y asesoramiento.
    Gracias a esa secretaría, que tú encabezas, se pueden evitar males mayores, ya que cuentas con esos valores personales de cercania, sensibilidad y sencillez de la que eres merecedora.
    Un beso.
    Paqui

  3. La violencia en general tan estendida en nuestra sociedad es un gran deficit de los humanos. La violencia que se practica con los más débiles es falta de principios, de formación, de cultura.Se recurre a la violencia cuando no se tienen argumentos. Deseos de dominar, de humillar, complejos de inferioridad, falta de salud mental.
    Tenemos que acabar con la violencia contra las mujeres, es una exigencia de la democracia. Gracias por tu dedicación. Saludo con mi reconocimiento

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