II Premio ‘Carmen Olmedo’ a Amelia Valcárcel

El viernes tuvo lugar la entrega del II Premio Carmen Olmedo. En esta edición Purificación Causapié, Secretaria de Igualdad, del PSOE hizo entrega del premio diseñado por Machú Harras, a Amelia Valcárcel.

Os dejo mi intervención en el mismo, no sin antes volver a agradecer a Eva Camps Olmedo y Alex Camps Olmedo el hecho de que este premio exista, así como a Maria Victoria Campos y Rosa Gómez Torralbo, que en nombre de Plataforma Violencia Cero y Federación de Asociaciones feministas “Gloria Arenas” interviniesen en tan emotivo acto.

“Este es mi último acto al frente de la secretaría. Os aseguro que tener esta responsabilidad en una organización a la que quiero profundamente ha sido un Honor. Me gustaría decir que ha sido un placer pero ese verbo no encaja en lo que ha sido una batalla constante, una lucha incansable para que el feminismo que defiende la igualdad entre hombres y mujeres impregne a la sociedad y a mi organización. Sin embargo, la lucha ha merecido la pena.

Podemos afirmar con rotundidad que lo mejor, lo más valioso de nuestra historia como partido es nuestro compromiso con la libertad, la igualdad, la solidaridad y la justicia social. Son los valores que nos identifican como socialistas y, desde luego, la igualdad entre hombres y mujeres se enmarca entre los valores y principios que el Partido Socialista defiende.

Son valores que día a día hacen más democrática nuestra sociedad, que hacen más justas e igualitarias nuestras relaciones, y cuyo compromiso nos lleva ineludiblemente a plasmar  dichos principios en recursos materiales y legales que sustenten derechos y libertades sociales, civiles y políticos.

En este camino, el Partido Socialista incorpora a su acción política la igualdad de género, asumiendo el feminismo como movimiento político transformador del cambio de valores en la sociedad y generador de derechos. Así, socialismo y feminismo han tenido y tienen un camino común y unos objetivos comunes en torno al valor de la igualdad.

Esta es la teoría, esa es la utopía real de la sociedad que deseamos. En la práctica nos encontramos con una resistencia, demasiado frecuente a mi juicio, que obedece a otros equilibrios unas veces económicos y otros políticos, orgánicos e incluso partidarios, que ponen constantemente en riesgo la igualdad de género.

Brevemente un par de ejemplos. En tiempos de crisis económica la igualdad de género aparece, para algunos, desde luego para el gobierno del PP y los presupuestos generales aprobados, como un gasto superfluo, como un lujo prescindible. En Málaga, las asociaciones feministas y de mujeres y otros colectivos sociales han organizado un movimiento social con el nombre MAREA VIOLETA. Denuncian que en España, aun habiendo sido ratificada, se incumple  la medida 203 de la Plataforma de Acción de Beijing 1995 que requiere rango ministerial, mandatos definidos, recursos suficientes y capacidad para influir. Dicen: “En año y medio hemos pasado de tener un Ministerio de Igualdad a una Secretaría de Estado de Igualdad y ahora a una Directora del Instituto de la Mujer a tiempo parcial, que simultanea las políticas contra la discriminación de las mujeres, el 50,7% de la población, con las dirigidas a otros colectivos.”

Que el PP no apueste por la igualdad de género no extraña a nadie. Es el PSOE quien debe defenderla a ultranza porque lo contrario significa, por un lado, una grave incongruencia al no apostar por esos valores y principios que nos definen y, por otro lado, un error estratégico. No debemos dar ni un paso atrás ya que si lo hacemos la sociedad civil, articulada o no, pero en todo caso comprometida con la igualdad no encontrará en el PSOE el vehículo político en el que hacer descansar sus reivindicaciones y dejará de caminar junto al partido en la creación de esa sociedad mejor.

El segundo ejemplo tiene que ver con el poder, con el reparto del poder, con la presencia de las mujeres en dicho reparto, así como su participación activa en la toma de decisión. Defendamos la paridad democrática, compañeros y compañeras, amigos y amigas.

Defendamos con vehemencia práctica un concepto de ciudadanía que se extienda al disfrute de los derechos civiles y sociales. La violencia de género, la discriminación salarial o la escasa representación en el poder político o económico demuestran que las mujeres están, en muchos casos, limitadas en el disfrute de estos derechos.

Para ello es necesario un claro compromiso para erradicar la discriminación indirecta, lo que implica, a su vez, trabajar por la representación y elegibilidad de las mujeres, para que puedan optar a ser elegidas en todas las estructuras y a todos los niveles, institucional y orgánicamente, en igualdad de condiciones.

Esto significa que el mero reconocimiento de los derechos no es suficiente. El PSOE no debe quedarse en la norma escrita, en la obligación puramente numérica sin atender a la ética de nuestros valores. Resguardarse en lo cuantitativo obviando lo cualitativo no es atender a lo que en derecho llamaríamos “el espíritu de la norma”.

Son bastantes los compañeros y muchas las compañeras quienes sí atendemos a nuestros valores socialistas y feministas lo que nos lleva indefectiblemente a reivindicar cuestiones como listas cremallera o el fortalecimiento mediante mecanismos concretos que apuesten por la participación activa de las mujeres en la toma de decisión en el seno del partido. Yo apuesto por quienes así lo creen.

Es evidente que queda mucho por hacer, aunque no es menos evidente que hemos andado un camino en el que mujeres socialistas y feministas como Carmen han sido un maravilloso referente. Debemos seguir luchando para que el feminismo sea parte intrínseca al socialismo, debemos seguir luchando, ahora más que nunca a tenor de lo que el PP está haciendo con todos los logros socialistas en materia de igualdad, por un modelo social de respeto y de responsabilidades compartidas entre hombres y mujeres en todos los ámbitos: personal, social, económico y político.

Tenemos que estar ahí, compañeras y compañeros, amigas y amigos. No nos rindamos, no dejemos de criticar la injusticia, ni tampoco de hacer autocrítica constructiva, no cejemos en el empeño de que la sociedad sea la mejor de las posibles. En definitiva, sigamos defendiendo el feminismo en el socialismo.”

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