A quien le importa

Es verdad, lo reconozco, vivo como me da la gana. Esto no es nuevo.  Tampoco siempre ha sido debido a un posicionamiento propio respecto de algo, ni tampoco siempre a una educación cuyos pilares son el inconformismo, la rebeldía ante la injusticia, la defensa del derecho a ser y a estar como mejor quiera o entienda. Vengo de una estirpe de mujeres batalladoras, rebeldes, rompedoras que han sabido vivir su vida conforme a ellas mismas. Para ninguna ha sido fácil, pero siempre ha merecido la pena.

Lamentablemente, a veces, otros y otras me han empujado a una cierta radicalidad nacida de una defensa ante un ataque, para mí inaudito y carente de razón, si entendemos que no son razones el no plegarse ante la voluntad de nada ni de nadie ni tampoco el no actuar conforme a no se qué norma previamente establecida.

Estando en el colegio me gustaba jugar al fútbol, al mate, al látigo,… Sí, también al elástico, a los cromos y a la comba, aunque esto no causó ataque alguno. Pero jugar con los chicos a las “cosas de chicos” me llevó hasta una pelea a torta limpia con una compañera de clase. Pasé de ser una “marimacho” a ser una “puta”, pasé de no ser femenina a desear que todos los chicos me tocasen el culo.  No me gusta la violencia, pero no se me olvida ese corro de chicas y chicos animando a la que me insultaba que me llevaron a las manos.

A ese tipo de radicalidad me refería. A esa rabia y esa fuerza que nacen dentro de mí ante las situaciones injustas provocadas por la incomprensión, la falta de respeto, el sectarismo o la envidia. Que nadie se asuste que no voy por la vida pegando, pero no es menos cierto que la beligerancia y la pasión con la que respondo ante ataques injustificados de quienes no me aceptan simplemente por ser quien soy y como soy, hacen que a mi natural sentimiento de libertad se sume una rebeldía que refuerza mis posiciones.

No es baladí el ejemplo que he elegido, no solo porque me llevó a una situación para mí extrema sino también porque tiene que ver con el género, con esa construcción social sobre el sexo que tantos males me ha acarreado en mi vida.  He sido objeto de todo tipo de “insultos” relacionados con el hecho de ser mujer, desde recriminarme comportarme de manera distinta a las demás hasta la utilización de mi sexualidad como arma en política; desde el hecho de defender que mis compañeras de juventud llevaran condones en sus bolsos (¡cuánto les importaba lo que ellos pensaran!) hasta defender el feminismo en contra del poder patriarcal establecido.

Pues, como dice la canción, que mas me da/ si soy distinta a ellos/ no soy de nadie/ no tengo dueño.

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2 Respuestas a “A quien le importa

  1. Magnífica actitud la tuya, ante tanta falsedades

  2. Es así como tenemos que actuar las mujeres, porque de otra manera nos comen. Un beso

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