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En el día del libro, ellas 12 Nobel y 3 Cervantes

Un día un amigo me calificó de “lectora voraz”. Es cierto, lo era de literatura, ahora lo soy también de todo lo que las redes me traen y me interesa. Y esta mañana Facebook me ha traido, por un lado, esta imágen:

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Por otro, la página Feministas Siempre me ha enseñado que de todas las personas que han recibido el Nobel de literatura solo 12 mujeres. Sigo bicheando por la red y veo que le han dado el Cervantes a Caballero Bonal y me he preguntado: “Y éste, ¿ a cuántas se lo habrán dado?”  Pues nada, más de lo mismo. Eso sí, las 3 maravillosas: María Zambrano, Dulce María Loynaz y Ana María Matute.

Ideología del Patriarcado

Me gustaría que leyeseis el blog de de Gemma Liennas quien se autodefine como “Escritora, feminista, lectora compulsiva, defensora de los derechos de las personas que han sido relegadas a la periferia del poder (mujeres, homosexuales, no católicas, etc.) y convencida de que un mundo más justo es posible.” Si cambio “escritora” por “política” me podría estar autodefiniendo y a muchas compañeras de  mi partido. Si lo hago por “político”, a bastantes compañeros de mi partido. No puedo decir lo mismo del PP que ha puesto a sus mujeres a ridiculizar las políticas de Igualdad, las reivindicaciones de tantos años de lucha pacífica.

Entre otras cosas, se dice : ” la ideología patriarcal, tan arraigada que, a menos que hagamos un esfuerzo consciente para entenderla y criticarla, ni siquiera solemos reparar en ella, y que es tanto más eficaz cuanto que la asumimos inconscientemente.” Me parece una frase magistral. Como no es mi profesión la de escribir, aunque si un hobby del que disfruto, mejor esta vez lo dejo aquí. Os animo a que lo leáis. Lo que ocurre con las “escritoras que faltan” ocurre en todos los ámbitos: social, económico, político, laboral,…

Las que faltan, de Laura Freixas, post de Gemma Liennas de un articulo de Laura Freixas  publicado en Letras Abiertas. ¡Sigamos haciendo redes!

Autoras: De dentro a fuera

Quizá deba cambiar la estrategia, pensé. Cambiar de estrategia no siempre es fácil. Parece que cuando hemos decidido hacer las cosas de una manera determinada hemos puesto algo valioso de nosotros(as) mismos(as) en ello y que al renunciar o cambiar estuviéramos negándonos. Así se explica el dicho “rectificar es de sabios”. Y de sabias, así que a partir de hoy mismo dejo la página de este blog que se llama Libros para abrir una nueva categoría en los post sobre “Autoras”.

Empiezo así esta nueva estrategia con Muriel Barbery y su “La elegancia del erizo”. Porque es el que acabo de terminar. Porque habla de la Belleza en el mundo, de que los cambios sociales son posibles, de que es importante escudriñar al mirar, del Arte con mayúsculas o de la importancia de la perfección en el lenguaje. Porque es maravilloso si te interesa el pensamiento profundo acerca de “los siempre en los jamases”, como dice la autora. Y me quedo corta, seguro.

Por todo eso, y porque lo ha escrito una mujer. Y es necesario que hablemos de lo que escriben, tenerlas como referente y poder así recomendarlas. Porque ciertamente crear referentes es importantísimo, pero tenerlos es requisito previo. Más de una vez he dicho que lo que no salga del interior dificilmente puede calar en las personas que nos rodean. Alguna vez he reflexionado sobre la necesidad de empezar por uno(a) mismo(a) en cuanto a cambiar la percepción de la realidad que tengamos, si deseamos que la realidad cambie.

¿Cómo voy a convencerte de que los hombres y las mujeres son iguales si no hago un ejercicio de exámen de conciencia en el que sea capaz de darme cuenta de que también soy víctima de estereotipos machistas que requieren de una deconstrucción constante para volver a construirme en valores de igualdad? ¿Cómo voy a ser convincente y a conseguir que alguien reflexione sin miedos y en libertad sobre la injusticia que supone tratar a alguien de forma discriminatoria por el hecho de ser mujer? Y, ¿cómo puedo hacerlo sin caer en una repetición mecánica de las teorías socialistas y feministas, que en el plano de la reivindicación que deben tener, no haga brotar el miedo y el rechazo al cambio en la estrategia vital de cómo entender la vida? Solo lo podemos hacer si sale de dentro a fuera.

Me preguntaban el otro día en una entrevista en Antequera si creía que, para que la Ley de Igualdad real y efectiva fuera realmente efectiva, no era necesario que cada persona se mirase un poco por dentro. No solo es necesario, es que, si no es así, el cambio no será posible. Permitidme aqui una magnífica frase de Mathama Gandhi: No se nos otorgará la libertad externa más que en la medida exacta en que hayamos sabido, en un momento determinado, desarrollar nuestra libertad interna.

 

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Nueva Página

Hoy abro una nueva página. En ella os iré contando qué leo, qué me gusta, cómo lo veo. No os puedo contar sobre lo ya leido, aunque quizá haga de vez en cuando alusión a algún libro, a algún autor, pero no puedo porque entonces no haría otra cosa y me faltaría tiempo. Lectora contumaz me has llamado, Pepito.

Ya os he dicho que leer es un placer. Es un placer íntimo (no es tiempo ni lugar de hacer comparaciones con otros placeres íntimos, jajaja). Placer personalisimo. Desde jóven, los domingos, tan fatídicos para algunos, han sido para mi un día de gozo. Levantarme, ir a prepararme un café y meterme otra vez entre las sábanas aún cálidas y a ser posible blancas con un libro entre las manos. Me daba la hora de comer y pasaba la tarde saboreando la llegada de esa hora temprana en la que volver a meterme en la cama con ese libro quizá dejado a medias. Me encanta leerme un libro del tirón. Antes lo hacía con frecuencia. Ahora es más dificil. Pero el Domingo pasado ocurrió. Después de almorzar con la familia miré en la estantería del Morales, rebusqué y me fijé en dos libritos que estaba juntos: Bonjour tristesse de Fraçoise Sagan y Amour de Marguerite Duras. ¡Qué irónica es la casualidad! “Vale,- pensé- A lo positivo. Leeré a Durás. Empecé y la concentración no me acompañaba. Es estúpido ir contra una misma. Cogí el otro. Me tumbé y me levanté tres horas más tarde (con cabezadita incluida) con el libro acabado. Gustazo. Felicidad.

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